¿Hacia fuera o hacia dentro?
¿Cuánto de lo que te pasa depende realmente de fuera?
Cuando nos pasa algo que no es del todo agradable, es muy natural ir a buscar qué lo ha provocado. Y en la gran mayoría de casos, esos factores son externos: el contexto, la mala suerte, las circunstancias, la estructura, los cambios en el trabajo, la presión, la carga…
Por ejemplo:
“Me han trasladado a liderar un equipo nuevo dentro de la compañía. Sin embargo, no puedo sacar todo el rendimiento porque el equipo no está a la altura, no sigue mis instrucciones, está acomodado, la estructura, los procesos, la política… ¡Vamos, que me han bloqueado!”
¿Te suena de ti o de algún conocido?
No hay que negarlo ni dejar de apreciar el contexto. Seguramente hay un impacto real de uno o varios de esos factores, u otros muchos que pueden estar influyendo. Y sí, te están condicionando en el día a día.
Pero quizá tú te estás condicionando todavía más.
¿De qué manera?
Dejando que sean la “excusa” para no cambiar, para no trabajarte a ti mismo. Te atrapan, te rodean y te limitan, sí. Pero eres tú quien se está dejando arrastrar por ello, en lugar de mirar hacia dentro y entender cómo puedes navegar tú en ese contexto, qué pequeños cambios podrías implementar o incluso qué decisiones deberías tomar.
No, no es fácil. Nadie ha dicho que lo sea. Y tampoco hay nadie que sepa gestionarlo a la perfección.
Y si no das el primer paso, no llegará el segundo.