IdeasEN

Cuando no hacer nada es hacer algo.

Por Elías NuevoToma de decisiones
Original en español

Llevas varios días agobiada con la mente en otra parte. Eres consciente de parte de los hechos y lo que deberías hacer, pero por unas cosas y por otras los días pasan y sigues sin dar el paso y abrir el melón. Lo que sí has hecho es darle muchas vueltas a la cabeza, intentando sobrejustificar algo que desde un principio te parecía de sentido común. Imaginando cómo podría desarrollarse esa conversación y las consecuencias que podría tener.

Tomando un café con un excompañero de trabajo, este te habló de pasada de ciertas prácticas de otro compañero que parecían cuestionables, tanto ética como legalmente. Desde ese día, has podido comprobar que al menos algunas de ellas son ciertas, aunque para otras no tienes evidencia.

Sientes que deberías hacer algo, pero no te atreves a dar el paso. A fin de cuentas, ese compañero es… tu jefe. Esa persona con la que te llevas tan bien y que tanto confía en ti. Con él has aprendido un montón, y has crecido profesionalmente. Un jarro de agua fría… pero bien fría.

A la hora de analizar la situación y la toma de decisiones, es importante entender que no hacer nada es una decisión en sí, aunque sea por omisión. Puede que no hayas participado en esas decisiones. Pero ahora que las conoces, te empiezas a plantear hasta qué punto eres responsable de lo que ocurra después.

La pregunta aquí pasa a ser:

¿En qué momento no actuar deja de ser prudencia y se convierte en una decisión con consecuencias?

Recibe las próximas Ideas

Si quieres, te escribiré cuando publique una nueva Idea. Sin frecuencia fija.

Recibirás únicamente nuevas Ideas de DFE. Puedes darte de baja cuando quieras.

Política de privacidad