Entendido, pero… ¿Qué es lo que se quiere conseguir aquí?

Como buenos seres humanos que somos, odiamos tener que dar pasos atrás. Incluso cuando sabemos que puede ser lo más sensato, retroceder nos genera frustración, sensación de haber perdido el tiempo o incluso cierto sentimiento de fracaso. Como si algo hubiera salido mal y ahora estuviéramos más lejos de nuestro objetivo.
La psicología lleva décadas estudiando algunos de estos comportamientos, asociados a fenómenos como el sunk cost effect o la escalation of commitment: nuestra tendencia a seguir adelante con decisiones anteriores, incluso cuando tenemos motivos para reconsiderarlas.
Lo curioso es que, incluso cuando empezamos a sentir que algo no encaja, muchas veces seguimos empujando, buscando maneras de avanzar. Quizá no sea lo más acertado, pero seguir adelante suele resultarnos más cómodo que detenernos a cuestionar el camino recorrido.
Recibes a unos amigos en casa y os ponéis a jugar a un juego de mesa que todos conocéis bien. En mitad de la partida, surge una situación que las reglas básicas no parecen resolver. Unos creen que hay que actuar de una manera, otros opinan lo contrario.
Tenéis dos opciones:
Llegar a un consenso entre todos y continuar jugando.
Detener la partida, abrir el libro de instrucciones y comprobar qué dicen realmente las reglas.
Como buenos seres humanos que somos, odiamos tener que dar pasos atrás.
Tampoco es una decisión demasiado trascendental, salvo que haya algún supercompetitivo en la mesa. Y quizá ponerse de acuerdo y continuar jugando sea perfectamente válido. Pero, si lo que queremos es jugar siguiendo las reglas, lo más lógico sería detenernos un momento y consultar las instrucciones.
Parece evidente, ¿verdad? Sin embargo, no siempre nos resulta tan fácil hacerlo cuando hay algo más en juego.
En el ámbito profesional ocurre algo parecido. A veces llevamos tanto tiempo trabajando en una dirección que las conversaciones terminan girando alrededor de cómo seguir avanzando, sin cuestionarnos si ese sigue siendo el camino adecuado. En estas situaciones, el paso atrás de mirar las reglas del juego también tiene su técnica. Coges la narrativa, las explicaciones, la historia, los argumentos, las excusas, el contexto… Lo coges todo y lo aparcas a un lado.
Y después, te preguntas: ¿Qué es lo que se quiere conseguir aquí? ¿Cuál es el objetivo?
Es algo que considero necesario en muchas situaciones y que personalmente disfruto haciendo con mis clientes. Aunque intento aplicarlo también en mis propias decisiones, reconozco que muchas veces sigo empujando cuando quizá debería detenerme a pensar.
Como dicen en mi pueblo: «Tira pa allá». Y algunas veces, cuanto más hemos tirado «pa allá», más necesitamos retroceder.