Planificación
¿Qué te resuena más en la cabeza cuando lees la palabra “Planificación”?
*Vas de reunión en reunión, y en cada una llegas unos minutos tarde.
*Gestionas un proyecto, y ves que no vas a llegar a cumplir con el hito en el día que habías anticipado… o más bien prometido.
*Un compañero te propone hacer un proyecto juntos y os ponéis directamente manos a la obra desde el día uno, repartiéndoos unas cuantas tareas. Pero al cabo de varias semanas o meses estáis totalmente desalineados en cuanto a lo que queréis o hacia dónde queréis ir.
*Le dices que sí a un plan el sábado por la tarde con tus amigas. Sin embargo, cuando llegas a casa y hablas con tu pareja, te das cuenta de que ya teníais otro plan a la misma hora.
* Tenías pendiente hablar con esa persona de tu equipo para trabajar en su desarrollo, ya que es una persona que valoras mucho y tiene un potencial enorme. Sin embargo, antes de que llegues a hablar, ha renunciado y aceptado otro puesto de trabajo.
Todos los ejemplos anteriores son sólo algunos escenarios perfectamente cotidianos, en los que la planificación juega un papel fundamental. Y, en mayor o menor medida, una planificación insuficiente puede generar costes: tiempo, dinero, emociones, estrés, ansiedad…
Ahora escoge una empresa, una marca, la que tú quieras, y haz un cálculo mental rápido de las siguientes preguntillas: ¿Qué volumen de negocio tiene? ¿Cuántos empleados y qué perfiles puede tener? ¿A quién vende sus productos o presta sus servicios? ¿En qué países? ¿De cuántos proveedores depende (materias primas, materiales de producción, tecnología, etc.)
Una organización no tiene sólo un plan, sino un montón de planes o proyectos simultáneos a diferentes niveles, y en muchos de los casos hay una gran dependencia entre unos y otros: ventas, contratación, capacidad de los equipos, caja, proveedores, tecnología, vacaciones, promociones, lanzamientos, clientes, inversiones, desarrollo de personas…
Una mala planificación puede hacer que el proyecto A tenga un sobrecoste y afectar también al proyecto B, C o D.
Cuando planificamos, además de gestionar un calendario, rellenar un Excel o hacer un Gantt, lo que realmente hacemos es pensar antes en qué queremos conseguir, qué necesitamos para conseguirlo, de qué dependemos, qué puede desviarse y qué impacto tendría esa desviación.
Sin jugar a acertar el futuro, planificar consiste precisamente en eso: reducir incertidumbre y ganar capacidad de reacción.